¿Contra qué va la LOMCE?

Llegado a estas alturas de Mátrix, ha de saber usted que el hecho de que la LOMCE haya convertido la Filosofía, la Tecnología, la Música o el Griego en asignaturas meramente testimoniales, no significa, como sus profesores aseguran, que vaya contra ellas. Ningún profesor de Lengua Española, por ejemplo, se atrevería a afirmar con la rotundidad de un Cicerón (y máxime cuando el plan de la asignatura sigue siendo la misma memez que inventó la LOGSE) que la LOMCE apoya la enseñanza de su disciplina porque la dota de más horas.

Ahora es cuando usted se pregunta: ¿y la Religión?, ¿y la Educación Cívica y Constitucional? Bueno, respecto al primer caso, debe tener en cuenta que la presencia de una Religión evaluable es un simple guiño (sin más significado) al Clan de la Sotana Cavernaria y a los Ultras Sur, y supongo que el lavado de cerebro de los discentes no será mucho más intenso que el que estos recibían cuando la nota no contaba en el currículum y la ley que la amparaba estaba elaborada por aquellos que en su programa electoral juraron desterrarla de las aulas. Por otro lado, sea usted serio y piense que, en realidad, la presencia de la Educación Cívica y Constitucional ni mejora ni perjudica un sistema educativo, por mucha carga ideológica y espuria intencionalidad que se le quiera ver; carga e intencionalidad, por cierto, que con la LOE eran dos vigas así de grandes en el ojo de la Educación para la Ciudadanía.

No. Wert y el devoto contubernio que lo inspira no son contrarios a ciertas materias, pero tampoco creo que sean favorables a otras. ¿Y sabe usted por qué? Porque a Wert y al devoto contubernio que lo inspira (y al monjil Gabilondo, y a la pudibunda del Castillo, y, si me apura, hasta al pilarista Rubalcaba)  les importan tres pimientos, cuatro pepinos y siete mierdas de perro la Filosofía, la Música o la Religión. Y si le digo que no les importan, no me refiero a que les gusten más o menos, sino a que no las consideran, a que las ignoran, a que se la suda. Disminuyen o aumentan su carga lectiva, las crean o las fulminan porque pueden hacerlo y porque no hay nada que nos permita a los ciudadanos influir en las decisiones legislativas de este país.

Entonces, si la LOMCE no cambia en lo esencial; si la LOMCE ni mejora ni empeora lo que había; si la LOMCE es un fuego de artificio, una sombra, una ficción y el mayor bien es pequeño y toda la vida es sueño y los sueños sueños son…, ¿contra qué o quiénes va la LOMCE? ¿Contra los alumnos, como dicen aquellos profesores que se verán obligados a impartir clases de macramé para completar su horario? ¿Contra las familias, como certifican las “hampas” de este lado de la calle, donde ya se perciben lágrimas y chirriar de dientes porque se están viendo relevadas por las “hampas” del otro lado? ¿Contra Doña Igualdad de Oportunidades, como no cesan de repetir las asociaciones sindicales, gremiales y chiripitifláuticas, que, por lo visto, son las únicas que conocen el paradero de señorita tan virtuosa?

No lo sé, la verdad. Tal vez la LOMCE no vaya contra nada ni contra nadie. O tal vez vaya contra todos a la vez. Pero lo que sí sé es que va a favor de los pocos que idean leyes estúpidas como la LOMCE y que crean a presidentes, ministros, pedagogos y demás “agentes del cambio” que se ocuparán de ejecutarlas.

Todo lo demás es palabrería y desvío de atención. Porque aquí lo importante es que la LOMCE, usted y yo únicamente somos unos cuantos dientes diminutos de la más pequeña ruedecilla del más insignificante engranaje del más gigantesco monstruo mecánico que se haya concebido jamás y que, por si aún no lo sabe, recibe el nombre de Inopia, Estupidez o (según algunas versiones) Escolarización Obligatoria.

Anuncios

Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

8 comentarios sobre “¿Contra qué va la LOMCE?”

  1. Solo una cosa, querido amigo. ¿Qué te parece mal de la escolarización obligatoria? Acaso, que requiere más capacidad del profesorado y más esfuerzo. Yo pienso que la peliaguda es esa cosa que definen con la palabreja “ratio”. ¿Sobre qué cantidad de alumnos puede impartir docencia un profesor de tamaño y cualidades y calidades medias? La escolarización debe de ser obligatoria. Para mantener la posibilidad de que la cosa funcione, a pesar de ese deber, el número de alumnos debe de ser reducido. ¿Vale? Salud.

  2. La escolarización obligatoria está siendo un fracaso, y más teniendo en cuenta que cuanto más se amplía la edad legal peores resultados se extraen. Legalmente los estudiantes tienen que estar escolarizados hasta los 16, pero fíjate que ello tiene dos consecuencias: por un lado, el número de absentistas ha crecido exponencialmente (y con ellos las medidas represoras en los centros), por lo que, por abajo, hay chavales que dejan de estar escolarizados antes de la edad legal; por otro, la devaluación que han sufrido los primeros títulos a los que los alumnos acceden, ha obligado a que, de facto, la obligatoriedad se prolongue más allá de los 16. Un universitario, entre grados, másters, doctorados y posdoctorados, puede perfectamente dejar de estudiar a los 30, y con una coyuntura laboral desfavorable, ponerse a trabajar por primera vez a los 35 o incluso a los 40. Yo creo que esto es muy negativo. La adolescencia (palabra que empieza a ponerse de moda, curiosamente, cuando durante la segunda mitad del siglo XIX se universaliza la escolarización obligatoria) se está prolongando cada vez más. Una tutela estatal y familiar eternizada es lo peor que le puede ocurrir a una sociedad. Pero estar en contra de la escolarización obligatoria, o al menos (como yo lo estoy) de la escolarización obligatoria hasta los 16 años, no es estar en contra (mucho ojo) de la enseñanza pública y gratuita. Un saludo.

  3. Yo respeto los puntos de vista razonables, aunque no sean los míos. Entiendo que la enseñanza obligatoria se establece en efecto como una tutela. El sentido de esta tutela es evitar a toda costa la otra opción. ¿Qué hace un no escolarizado hasta los dieciséis años? ¿”Picias” por las calles? ¿Trabajo esclavo? ¿Cuál otra? Obligar al que no tiene una motivación o sensación de utilidad para lo que hace es problemático; más para un alborotado adolescente, claro. Sobre todo si la situación y actitud familiar es mala y que los medios de comunicación masiva plantean una irreal y fantasiosa forma posible de vida ociosa. La presión sobre el ejercicio del derecho a la formación es no solo legítima, sino ética. Y está dentro de la visión de los que queremos acercar la igualdad de oportunidades y una aceptación consciente y razonada del hecho de vivir como individuo en el ámbito social restricitivo. Así lo veo. Salud.

  4. Con todo respeto, hipos1.Educación (instrucción básica y socialización) y enseñanza ( aprender y conocer el mundo), son cosas distintas.
    El pecado original de nuestro “sistema educativo” es identificar educación con enseñanza, y de paso, confundir obligación y derecho.
    Estoy de acuerdo con una educación obligatoria. Llamemos colegios el lugar donde esto se produce y pongamos una edad razonable: ¿quizá hasta los 14 años? Luego demos la posibilidad a los jóvenes que verdaderamente quieran estudiar de realizar una enseñanza media digna en, llamémoslos, institutos. Esto es, démosles este derecho (que ejercerán o no) Hoy por hoy el estado ofrece un colegio-instituto donde se pretende impartir educación-enseñanza hasta los 16 (de facto casi hasta los 18), y lo ofrece como obligación. No nos engañemos, esto es imposible. Resultado: hoy tenemos solo colegios (llamados colegios o institutos, tanto da) donde se imparte a duras penas educación sin enseñanza y nos hemos cargado de paso el derecho a estudiar, pues el derecho no puede ser obligatorio. Si lo que le preocupa a usted es que adolescentes con 15 o 16 años estén descontrolados por las calles sin aprender nada bueno (una preocupación que hasta cierto punto comparto como ciudadano), lo más racional sería crear una institución socializadora donde les obliguemos a estar hasta los 16, 17 o 18 (ponga usted la edad). De este modo nadie sale perjudicado, y nuestra buena conciencia queda salvada. Hasta los 14 años educación obligatoria. Desde los 14 hasta los 18 socialización obligatoria (esto es lo que hay hoy de hecho para todos) o bien enseñanza media digna para los jóvenes que quieran estudiar (esto es lo que no hay hoy para casi nadie).
    ¡Estupendo artículo, David!

  5. Jesús, suscribo punto por punto los distingos que hace en su comentario. Además me permito la impertinencia de aportar algo que decía Moreno Castillo hace unos años en su “Panfleto antipedagógico”: educación obligatoria de verdad, sobre todo para los que quieren “educarse” y no pueden por la merma de contenidos y por la excesiva atención que les damos a los que nos revientan la clase.

    Un saludo.

  6. He leído los comentarios. Yo soy de la Ley Moyano. Nací en el cincuenta y cuatro. Tengo un historial de estudios extenso en cuanto a centros. Hasta mi licenciatura en la Complutense madrileña. Y, reitero, pienso que la enseñanza obligatoria, por lo menos hasta los dieciséis, debe de existir. Salud.

  7. Hoy “la enseñanza” es obligatoria hasta los 16 años. De facto hasta los 18, pues un alumno puede repetir dos años. Hace falta que el alumno haya puesto una bomba en el instituto y que sus padres estén de acuerdo con que deje el instituto para que el alumno en cuestión, con 17 o 18 años, abandone el Centro. El alumno puede estar de brazos caídos durante todo su periodo de escolarización, puede interrumpir la clase si le place, puede molestar a sus compañeros y a su profesor, etc. El profesor no puede expulsarle de clase (esto es privarle de su derecho a la educación) solo puede ponerle un parte (si acumula decenas o centenares de ellos quizá se le expulse durante una semana). Meta usted dos, tres, cuatro o cinco alumnos así en todas las clases de secundaria, sea usted nobel de física y póngase a explicar la teoría de la relatividad. Los que no quieren estudiar, no estudiarán, y los que quieren, no podrán. Esto es la realidad diaria de un instituto de secundaria en España (siempre hay excepciones, y siempre hay superdotados que a pesar del sistema que les ha tocado sufrir, aprenden). En fin, ¿quiere usted cargarse la carrera de medicina o de arquitectura? Hágala obligatoria. Insisto, si hacemos que la enseñanza secundaria sea obligatoria hasta 16 o 18 años (como ahora), nos cargamos la enseñanza. Habrá “algo” obligatorio, pero no será enseñanza.

  8. Entonces, querido Jesús, lo cuestionable no es la obligatoriedad en sí. Son aquellos aspectos perniciosos del sistema los que deben de corregirse, no todo el sistema y: “muerto el perro, se acabó la rabia”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s