Comiendo mierda

Confieso que el puñetazo me ha jodido. Estaba yo tan tranquilo preparándome para afrontar el fin de semana y, zas, no lo he visto venir. De repente, profundamente identificado con ella, tengo todavía a esa familia de Alcalá de Guadaíra metida aquí, en las tripas, y no sé cómo quitármela de encima. Estaba acostumbrándome a pensar que el silencio de los medios existía por algún buen motivo, tal vez porque era cierto aquello de que se estaba saliendo de la crisis. Pero ahora, como un Saulo recién arrojado del caballo, yo también he oído la voz de Dios. Y, aunque no todo esté todavía muy claro, he comenzado a plantearme algunas cuestiones que había dejado de hacerme.

Me pregunto, por ejemplo, si no se podrían haber suprimido las subvenciones públicas a los partidos políticos y a los sindicatos, en vez de forzarme a compensar el despiporre de las cajas de ahorro cosiéndome a impuestos y a subidas de precios. O si no se tendría que haber acabado con los miles de cargos públicos puestos a dedo que asesoran, blanquean o simplemente chupan de esa teta que yo no cataré en mi puñetera vida; si no se debería haber dinamitado esta nueva expresión del eterno caciquismo hispánico que es el sistema autonómico, antes de echarme de una patada a la calle, dejarme sin la prestación por desempleo o hacerme pagar por unos medicamentos que ya pago.

Es decir, me pregunto si no se podría haber colgado en plaza pública a algún gerifalte con acta de diputado en vez de obligarme a recoger cartones, acudir a los comedores sociales, intoxicarme con alimentos caducados o ser uno de esos tres millones de ciudadanos que pasan el mes con menos de trescientos euros.

Reconocerme en la familia de Alcalá de Guadaíra, y reconocer en ella también a ese vecino del bloque de al lado a quien he visto en más de una ocasión disimular frente al contenedor de la basura, me ha devuelto la perspectiva: aquí el único plan económico que existe no es de izquierdas ni de derechas, ni neoliberal ni estatalista, sino sencillamente canallesco, y consiste en que la clase media acabe sus días comiendo mierda.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

5 comentarios sobre “Comiendo mierda”

  1. Vamos, algo así, como que la clase media baje el escalón a la altura de la mayoría. O bajura, si se mira bien. Salud.

  2. ¡Cuánta miseria debe haber escondida o que no conocemos, David! Y a ver quién le pone remedio. Estos mangantes que nos dirigen mienten más que hablan.

  3. José María,

    Tendrá que ponérselo cada uno de nosotros. Mientras mantengamos este sistema (y no digo a estos partidos, sino este sistema político, económico y moral), mal remedio puede haber. La “crisis” no va a pasar como pasa el mal tiempo si cada uno de nosotros no cambia radicalmente de valores y actitudes y si no fomenta en los demás esos cambios. El problema es que la mayoría aspira (lampedusianamente) a que algo cambie para que todo siga igual que antes. Y no es que falte solo voluntad de cambio, es que falta incluso comprensión teórica de lo que hace falta para ese cambio. De ahí la necesidad imperativa de que quienes ven con más claridad y rigor se esfuercen por clarificar las cosas a los demás.

    Salud.

  4. Supongo que los medios tienen la consigna de no mostrar la miseria, y nosotros el imperativo de no creérnosla. Si no, no me explico todo esta epidemia autismo.

    Un saludo.

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