Ponga el culo, sea auditado

Con noticias como la que el otro día publicaba uno de los dos periódicos del régimen taifal, me entran una ganas incontenibles de agenciarme una pistola, plantarme en la Consejería de Educación y llevar a cabo lo que Breton consideraría una típica performance surrealista. Resulta que, por ser nuestra Feliz Gobernación una de las peor situadas en ese extraño ranking bilderbergiano que es el Informe PISA, se le ha ocurrido al Consejero que los alumnos, los maestros y los directores de los colegios deben ser auditados. “Auditados”, sí. Como lo lee. ¿Y por qué “auditados”? Porque con semejante vocablo se pretende dar la seriedad de una inspección de Hacienda a lo que no es más que otra farsa para seguir manteniendo a los padres en el pudridero electoral.

No digo yo que de pronto, en un arranque de hombría, el personal se ponga en cruz y confiese que, mire usted por dónde, de nada han servido el chocolate del loro de las TICS ni la pasta gansa que llevan años gastándose en todos esos programas, planes, itinerarios y evaluaciones que se nos han estado vendiendo como milagrosos crecepelos. Tampoco espero que la sensatez vaya a inundar los cráneos de los descerebrados que manejan la cosa educativa murciana y se dude ahora, por vez primera y públicamente, de las esencias de un sistema de enseñanza que, con financiación y sin ella, ha ido de fracaso en fracaso. A estas alturas poco espero de la realidad y de sus hacedores. Estoy tan resignado que si me pinchan, juro que no es sangre lo que me brota del cuerpo.

Pero, por favor, que esa “auditoría” esté siendo cocinada de nuevo en los mismos subterráneos de siempre y por esos mismos charlatanes que en su puñetera vida han tenido que probar el veneno pedagógico que han ido destilando a golpe de decreto, es algo que me saca de mis casillas. Por lo visto, los docentes volvemos a no tener nada que decir en la ingrata tarea de diagnosticar los males y de aplicar los remedios. Porque aquí, desde que el franquismo inventó el mundo y la LOGSE lo ordenó a su imagen y semejanza, solo servimos para decir “sí, bwana” y poner el culo.

Y ya basta. Menos los verdaderos profesionales, todo dios mete sus sucias manos en esto de la enseñanza. Políticos, sindicalistas, obispos, pedagogos, psicólogos, asistentes sociales, animadores socioculturales. Todo dios. Unos pariendo leyes educativas con el nihil obstat de los búnkeres pedagógico, editorial, mediático y clerical que los mantienen, los otros poniendo en práctica sus delirantes teorías sobre la igualdad social, y los de más allá dándoselas de expertos cuando en realidad nunca han sabido hacer la o con un canuto.

Así que mi cabreo no proviene del anuncio en sí, sino de imaginarme al señor Sánchez López y a sus coleguis pedagosindicales maniobrando en la oscuridad para salvar el pellejo y continuar chupando del bote, cada uno a su manera.

Porque ya sabe de qué va todo este rollo. Que ellos salven el pellejo solo significa una cosa: que nosotros, por enésima vez, tendremos que pagar el pato.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

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