La paradoja de la marioneta

En el fondo usted cree en lo que no dicen: que la crisis económica es una partida jugada por unas cuantas personas, que la UE tiene un plan para convertir España en una especie de Florida low cost, que nuestro régimen está al servicio de un plan maestro de escala planetaria, que el 15-M fue reventado por dentro, que los movimientos de protesta están llenos de infiltrados, que su correo electrónico no es seguro, que sus llamadas telefónicas están siendo escuchadas por alguien, que Internet, la televisión, el fútbol o el sistema educativo son pura ingeniería social. Ni usted (ni nadie) niega ahora la imagen barroca del Gran Teatro del Mundo, el auto sacramental postmoderno que habla de un poder en la sombra que mueve los hilos. Usted es una marioneta. Rajoy es una marioneta. Merkel es una marioneta. Obama es una marioneta. El siglo XXI será conspiranoico o no será.

Y sin embargo las marionetas del mundo tenemos un problema. Imagínese la situación. Suponga que de repente una marioneta llega a ser consciente de sí misma. No es tan difícil de suponer si piensa usted en el devenir histórico de la raza humana. El habitante de Boston, por ejemplo, en 1770. El desharrapado que asalta las Tullerías. El mujik. El indio. El negro. El desahuciado de esta clase media desahuciada. Imagine que cualquiera de ellos mira hacia arriba y descubre los hilos que lo mueven. Ya el mero hallazgo supone una liberación. Soy una marioneta, se dice acto seguido, y para dejar de serlo he de acabar con todo aquello que me convierte en una marioneta.

Los hilos existen, por supuesto, y las marionetas también. Así como nuestra tendencia a la subversión. Pero la ansiada libertad no supone más que la muerte, pues una marioneta sin hilos no solo deja de ser marioneta, sino que deja simplemente de ser. Las marionetas cavamos nuestra propia fosa al rebelarnos. He aquí la gran paradoja de la polis.

¿No le parece a usted sublime? ¿Todavía no comprende la grandeza de lo que le estoy exponiendo? ¿Aún no es capaz de sobreponerse a su limitada visión de marioneta? Permita entonces que se lo deje claro:

No hay escapatoria en el retablo. La rebeldía de la marioneta forma parte del libreto del marionetista.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

3 comentarios sobre “La paradoja de la marioneta”

  1. Triste y duro, pero cierto. Nos falta solamente, cortar los hilos para cumplir con el libreto. Si no, no hay función. Salud.

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