El Defensor del Profesor

Dice ANPE que durante el curso pasado aumentaron los casos de indisciplina de los alumnos y las amenazas de los padres. Asimismo denuncia que la conflictividad en Primaria alcanzó el porcentaje que ya había en Secundaria, y que se produjo un preocupante incremento en el número de docentes que se plantearon dejar la profesión. La conclusión del informe es clara, tanto que parece una verdad de Perogrullo: los profesores están desamparados ante la impunidad de los estudiantes y de sus progenitores. Las causas que explican dicha conclusión tampoco suponen ninguna novedad: la sobreprotección paterna, el escaso respaldo de la Inspección y el incumplimiento de las normas de algunos institutos. A esta lista hay que añadir, por supuesto, ese porqué que está tan de moda últimamente: los recortes en la enseñanza, la disminución de profesores y el aumento de la ratio por aula.

Presentan así los paniaguados de ANPE su informe anual sobre conflictividad en las aulas, y lo llaman Memoria Estatal del Defensor del Profesor. Lo primero que me viene a la mente, al leer el título de tan sesudo documento, es la certeza de que, así como “el Pueblo” que necesita un Defensor está francamente jodido -pues no basta con la Ley de leyes para ampararlo-, los docentes estamos definitivamente acabados si hemos de recurrir a figuras como las que hace tiempo se inventó este sindicato, aunque en realidad todos sepamos que solo sirven para pagar el sueldo al liberado que se encarga de tan rimbombante cometido.

Extraña defensa ofrecerá nuestro perspicaz Defensor si en su informe nada dice de la inextricable maraña burocrática que acarrean los expedientes disciplinarios, ni de la coba que semejantes procesos suelen dar a los encausados, quienes, en un ridículo intento de remedar el mundo de los abogados, de los jueces y de los fiscales -que en Hispanistán, como todo el mundo sabe, son espejo de independencia y de justicia-, conservan la presunción de inocencia aunque cuarenta testigos hayan presenciado cómo fulanito le pinchaba las ruedas al profe de Lengua.

Insuficiente defensa nos podrá dar nuestro ínclito Defensor si en ningún párrafo de su memoria denuncia la engañifa que supone que, en virtud de unas leyes promulgadas por algunas satrapías autonómicas, nos convierta en autoridad docente, se nos reconozca el principio de veracidad y, sin embargo, no se modifiquen los decretos de convivencia, donde seguimos estando con el culo al aire, nuestra palabra tiene el mismo valor que la de los alumnos y donde a estos se les continúa considerando las víctimas inocentes de una sociedad cruel y saturniana.

Escasa defensa nos brindará nuestro heroico Defensor si calla como un puto el único motivo que explica este recrudecimiento de la conflictividad y de la indisciplina: la existencia de los Consejos Escolares, órganos que, tras su creación en 1985, usurparon la potestad de impartir disciplina en los centros -potestad exclusiva hasta entonces de los profesores- y acabaron transformando el Claustro en un órgano consultivo con menos valor que un billete de seis euros.

Nula defensa recibiremos, en definitiva, de quienes no cuestionan el marco legal de lo que ocurre. Tal vez porque están de acuerdo con él o porque les mola mazo. O quizá porque, como hace tiempo que no pisan una clase, no saben de qué mierda están hablando.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

5 comentarios sobre “El Defensor del Profesor”

  1. Además de contar lo que todo el mundo sabe y de proponer tímidas soluciones llenas de vaga farfulla voluntarista, ¿qué medidas de presión hacia la administración lleva a cabo anpe para cambiar en profundidad el modelo educativo?

  2. La indisciplina es la expresión más evidente del fracaso en política educativa y social de este país de mierda.

  3. No solucionan nada porque no batallan. Sus denuncias no van más allá de la narración. Ese organismo no es más que un estandarte para orientar el interés del profesorado hacia ese sindicato; y así mantener o aumentar su dimensión sindical. La impostura es una forma bastante perversa de la traición.

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