Vergüenza torera

A pesar de que los clanes que se han repartido el pastel del Consejo General del Poder Judicial vendan el hecho como una hazaña del pacto y del consenso democrático, usted y yo sabemos que esto huele a todo menos a democracia. No le voy a pedir que comprenda que, donde hay consenso, no hay democracia; tampoco pretendo que sea usted un experto en la ciencia política y entienda que, además, donde no hay separación de poderes tampoco puede haber democracia. Simplemente apelo a su sentido común -algo que no depende de sus conocimientos sino de su experiencia- esperando que, más allá de las palabras de Gallardón, Rubalcaba o Cayo Lara, sea capaz de ver la maniobra colectiva de blindaje que acaban de hacer los principales partidos ante los numerosos casos de corrupción que los amenazan. El contubernio judicial no es más que el acto de autodefensa del régimen político y de sus agentes más conspicuos.

Y ahora, una vez que ha recuperado el sentido común, permítame que apele a algo un poco más complicado. Voy a imaginar que es usted un afiliado a alguno de esos partidos políticos que hoy están representados en el Parlamento, o un concejal, o alguien que colabora desinteresadamente con ellos. O mejor, supondré que es uno de aquellos veinticuatro millones de ciudadanos normales que votaron en las últimas elecciones a unos o a otros -a quiénes da lo mismo; incluso podría ser que votara a alguna opción que naciera con la vitola de la regeneración-. Así pues, apelando ahora a su coherencia personal, por favor, respóndame a la siguiente pregunta: ¿cómo lleva usted tan bien la deshonra de ser cómplice de semejante apaño mafioso?

Puedo ver su rostro fruncido. Puedo percibir cómo sangra su orgullo al leer que es usted -votante, afiliado, concejal-, un secuaz de la mafia oligárquica que actualmente saquea a los españoles -entre los que se encuentra usted mismo, por si no lo sabe-. Se indigna, sé que se indigna, pero, si quiere que le diga la verdad, me importa un bledo. Es más, todavía me falta caer en la inutilidad de apelar a una tercera cualidad suya, a pesar de que sospecho que, puesto que aún nadie le ha prendido fuego al Congreso de los Diputados, hace tiempo que la perdió.

Apelo a la vergüenza, pero a la vergüenza de verdad, a esa vergüenza torera que se necesita para asumir que, a estas alturas, o es usted un cándido que cree en la milagrosa regeneración de este régimen cadáver, o es un cínico que, desde que le enseñaron a introducir la papeleta en la urna, ha venido actuando con una mala fe digna de figurar en los anales de la infamia.

Anuncios

Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

8 comentarios sobre “Vergüenza torera”

  1. ¡¡Estupendo alegato David!!. Te echo de menos… tienes que escribir más. Un fuerte abrazo.

  2. Qué bien, otra vez por aquí. La pluma ha de ser el acero que necesitan los villanos descerebrados.

  3. Magnífico escrito, Francisco; es una pena que no contásemos contigo cuando Deseducativos existía. Una de las causas de su desaparición fue que comprendimos que el momento de los diagnósticos ya había pasado. Aunque me temo que el momento de la acción tardará mucho en llegar aún. Somos muy pocos los que pensamos así, tal como expones en el foro de Piensa. Además, con esto de las mareas, se ha instalado en el hipotálamo docente la idea de que lo que había antes de Wert era un paraíso. La cosa está difícil. A Trevijano lo conozco. Sus escritos políticos me hicieron cambiar de perspectiva hace años. Un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s