Una nueva Declaración de Independencia

Esta mañana pienso en los americanos. Pienso en que su revolución es la única revolución política que ha triunfado, y me pregunto si la Declaración de Independencia nos podría servir de inspiración todavía. Recuerdo que en su preámbulo se encuentra una de las frases más bellas de la historia: «cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, que persigue invariablemente el mismo objetivo, evidencia el designio de someterlos (a ellos, a los seres humanos, al pueblo) bajo un despotismo absoluto, es el derecho de ellos, es el deber de ellos, derrocar ese gobierno y proveer nuevas salvaguardas para su futura seguridad».

Esta mañana vuelvo a aquel párrafo mientras desayuno, mientras doy mis clases, mientras echo un vistazo a algún periódico. Leo que bajará el recibo de la luz un 6’5% a partir del 1 de abril, aunque eso signifique que dentro de poco vuelvan a subir los impuestos para compensarlo. Leo que Oriol Pujol no renuncia a su acta de diputado, por lo que, a diferencia de la inmensa mayoría de españoles, mantendrá el privilegio de la inmunidad parlamentaria. Leo que el Ministerio de Sanidad y las Comunidades estudian nuevos tramos de renta para el copago sanitario, sin que los ciudadanos hayan sido alguna vez consultados.

Esta mañana la frase de la Declaración de Independencia es una obsesión en mi mente, y no puedo evitar preguntarme: ¿qué ha cambiado? Aparentemente todo, pero en realidad nada. La obra es la misma aunque distinto sea el escenario. La misma subida de impuestos que gravan el timbre y el té, la misma desigualdad política entre ingleses y colonos, la misma asfixiante opresión de la monarquía moderada de Jorge III que impide la representación institucional de los afectados.

Esta mañana pienso que la revolución americana triunfó porque no buscaba usurpar el poder, sino romper con él y crear una nueva fuente de poder. Triunfó porque la independencia no significó la separación de un territorio, sino la liberación de una sociedad. Triunfó, en definitiva, porque no perseguía la hegemonía de una ideología, sino la fundación de la libertad política. Los cauces para solucionar el problema se han agotado, señalaron en la parte de la Declaración dedicada a la exposición de agravios, por lo que solo queda sacudirnos ese despotismo absoluto del gobierno proclamándonos independientes de él.

Esta mañana pienso que en política no hay sendas truncadas, no hay callejones sin salida, pero sí agujeros negros en los que reina la apariencia de que las cosas son irresolubles. Pienso en la oscuridad informativa del régimen que, para perpetuarse, se alía con todos los demás sectores y configura una realidad plana y cerrada donde imperan alternativas elaboradas por el propio régimen. Es entonces cuando el agujero negro se hace inmenso y la gente, incapaz de liberarse de las condiciones impuestas, suele terminar actuando de dos maneras: o bien se acoge a las reglas de juego impulsada por la engañosa ilusión de poder cambiar las cosas desde dentro, o bien hace del escepticismo una tabula rasa.

Pero yo esta mañana pienso que hubo otras épocas de la Historia en que existieron agujeros negros como el que asfixia hoy a la sociedad española. Pienso que, en el fondo, no resulta muy difícil salir de allí (otra cosa es, por supuesto, intentar no volver a caer): basta con ser consciente de que el agujero negro existe, basta con querer librarse de él.

Esta mañana estoy absolutamente convencido de que lo que aquí hace falta es una nueva Declaración de Independencia.

Y voy a ir a decírselo al nuevo ciudadano concienciado.

Anuncios

Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

4 thoughts on “Una nueva Declaración de Independencia”

  1. Pero el principal obstáculo para declarar la Independencia es precisamente la ausencia de independientes. Me temo que la tercera españa, la que podría confortarnos el corazón, es hoy más que nunca un mito.

  2. Don Alejo, la tercera España nunca existió, porque jamás tuvo consciencia de sí misma. Yo no creo, de todas formas, que haya que dejar la independencia en manos de una élite concienciada. La independencia ha de partir de los municipios, enfrentando a la gente a los problemas concretos y a las soluciones que la independencia puede procurarles. Es una cuestión de pragmatismo, no de idealidad. La independencia es necesaria porque es útil, así de sencillo. Cuando hablo de independencia, hablo de no pagar impuestos, de no votar y de organizarse al margen del poder establecido creando otro poder. Ejemplo: un grupo de personas significativo decide no pagar el impuesto de recogida de basuras y decide contratar a otra empresa. Otro ejemplo: un grupo de personas significativo decide no pagar el IBI y crear otro IBI mucho más razonable y justo que vaya directamente a beneficiar al municipio en sí y no a cubrir la deuda inmensa del ayuntamiento. Y ejemplos como estos, a miles.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s