Emprendedor

Cada época posee su propio lenguaje. Cada lenguaje posee sus propias palabras. El poder (difuso concepto que nombra algo aún más difuso) tiene en el lenguaje una herramienta decisiva para construir presentes plenos de promesas. El lenguaje del poder no es espontáneo ni tampoco convencional. Es un producto prefabricado. Por eso, en el fondo, el lenguaje del poder es un antilenguaje. Y sin embargo está presente. Más que eso: es ubicuo, tanto que ya forma parte de nuestras vidas. A veces pienso que ha usurpado el trono de la literatura y utiliza sus mismos recursos. Hoy el político genera realidades como antes lo hiciera el poeta.

No hace falta viajar hasta los años del franquismo (“familia que reza unida permanece unida”, “Gibraltar, español”, “España es diferente”), de la Transición (“reconciliación”, “amnistía”, “Constitución”) o del felipismo (“cien años de honradez”, “OTAN no, bases fuera”, “Montesquieu ha muerto”), para darnos cuenta de esta omnipresencia. Hace poco existió un Ministerio de Igualdad desde el que se nos bombardeaba constantemente con palabras-realidades que produjeron leyes nacionales y maneras de pensar. Pero también engendraron puntos de inflexión, expectativas presentes que prometían cambios futuros. El lenguaje no sexista haría posible que por fin hombres y mujeres fueran iguales. La institucionalización del término “género” presupondría una revolución inminente, el evangelio que anunciaba el advenimiento del reino laico de Dios.

El PP ha traído también su propio lenguaje y sus propias palabras. Una de ellas, la que se está haciendo cada vez más usual, es “emprendedor”. El significado del término está cuidadosamente importado del vocablo francés “entrepeneur” y tiene una carga semántica plena de connotaciones positivas: «Que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas», leemos en la RAE. Esto quiere decir que un emprendedor no es solo un empresario, sino alguien que se debe a la audacia y la novedad, que constantemente está superando la adversidad con fuerza y determinación. Que la palabra sea el actual banderín de enganche del partido en el gobierno y, al mismo tiempo, el lábaro del liberalismo económico no es baladí. Parece que todo viene dado para que perdure durante bastante tiempo, pues la realidad de la crisis se alza, en este caso, como una de esas “acciones dificultosas o azarosas” que solo se pueden enfrentar con “resolución”.

Y sin embargo, el emprendedor, el héroe de nuestro tiempo, si bien actúa como catalizador de un presente al que otorga la consabida luz al final del túnel, también lleva consigo la intención de configurar ante nuestros cansados ojos una renovada lectura de la actualidad. Y esta lectura, por supuesto, no es en absoluto inocente. Porque, cuando se nos dice que solo con el “emprendimiento” (vocablo de  nuevo cuño que aparecerá en la vigésima tercera edición de la RAE) el emprendedor puede hacer frente a la crisis, se nos sugiere también la idea de que el que no es emprendedor está condenado a sucumbir, o, por lo menos, a seguir arruinando a la nación. No en balde se empieza a oír ya el argumento (en Facultades, en másteres creados ad hoc, en artículos de opinión, en tertulias políticas y económicas) que contiene implícitamente esta nueva división de la sociedad, esta nueva lucha de clases liberal y chachiguay: o eres un “emprendedor” o eres un vulgar “empleado”.

De todas formas, que la moderna virtud colectiva del “emprendimiento” (en realidad, una cursilería) esté calando tan profundamente en España no deja de tener guasa. Y no porque la mayoría de sus sacerdotes sean simples asalariados (periodistas) o miserables funcionarios (profesores), sino porque, a diferencia de otros países, aquí los únicos John Galts que pueden identificar los emprendedores hispánicos son esos Florentinos, esos Alcoceres, esos Prados, esos Del Riveros que en el mundo han sido. Conocedores todos ellos de que el auténtico “emprendimiento” comienza por las siglas del partido que haya ganado las elecciones.

Supongo que de esto no se hablará en la Iniciación a la Actividad Emprendedora y Empresarial, nueva asignatura de la Factoría Wert.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

Un comentario sobre “Emprendedor”

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