La ley del silencio

Reunión-Rajoy_Rubalcaba-mayo-2012

Según cuentan algunos medios, para consolidar la imagen del rey existe un pacto que habría sido sellado por los líderes de los dos partidos mayoritarios. El pacto consistiría en guardar silencio acerca de cualquier asunto relacionado con Corinna y en apartar del debate político la palabra “abdicación”. Hasta ahí, todo normal. No obstante, aunque en la información se muestran con cierta valentía las causas del pacto, yo echo en falta una hipótesis que explique los posibles objetivos que se persiguen y las más que probables consecuencias que el acuerdo tendrá en el devenir político de los próximos meses. Como nada de eso he encontrado en ningún periódico, he dejado esta mañana que la imaginación eche a volar. Y este es el resultado.

Lo más seguro es que al silencio de PP y PSOE le siga, en primer lugar, el mutismo del socio tradicional de gobierno (CiU), a cambio, por supuesto, de que se le adormezcan a él también algunos escándalos que en estos momentos le tienen con el agua al cuello. Poco después, el silencio político dará paso al silencio mediático, capitaneado por los todavía pilares del agit prop del régimen: El País y ABC, que, o bien callarán, o bien filtrarán y versionarán a partir de entonces cualquier noticia que amenace esa estabilidad en ciernes.

Cuando la política y el periodismo cierren filas, se conseguirá inmediatamente el llamado consenso público, que consistirá, por un lado, en desviar la atención del ciudadano hacia alguna noticia de impacto nacional (ETA anuncia que entrega definitivamente las armas, por ejemplo, el Madrid gana la Champions, alguna ola de calor en pleno julio…), y, por otro, en ir preparando poco a poco, en pequeñas dosis de docere delectando, la retirada del rey de la primera línea informativa y su posterior abdicación, en apariencia llevada a cabo, no por la presión de las circunstancias, sino por iniciativa personal.

El consenso público, que habrá salvado la figura del monarca y habrá hecho que los súbditos traguen con Felipe VI (las tragaderas de los súbditos son proverbiales, como bien supo ver Étienne de La Boétie), proporcionará una sensación de calma que excederá el ámbito estrictamente político. Esta tranquilidad será posible, en parte, gracias a un adelanto electoral, a una nueva victoria del PP (esta vez por la mínima), a un más que probable gobierno de concentración de Cánovas y Sagasta que ponga freno a un Congreso de los Diputados a la italiana y a la más que probable adaptación/resignación social ante la crisis, cuya tragedia irá convirtiéndose (si no lo ha hecho ya) en un elemento más del decorado.

Pero la auténtica normalización no se dará hasta que, tras el consenso público, se llegue a la última y más importante fase del proceso. En este final los propios ciudadanos se impondrán a sí mismos una extraña ley del silencio (cu è surdu, orbu e taci, paci campa cent’anni, dice el viejo refrán siciliano) fruto de la imposibilidad y del temor a salirse de los parámetros de interpretación de la realidad que el poder habrá ido imponiendo.

Para los escépticos ante mis dotes de visionario: véase la repentina amnesia general que provocó el ocultamiento de los escándalos del PSOE durante la primera legislatura de Aznar.

Para los recelosos de mis nunca suficientemente admiradas habilidades de augur: recuérdese la mudez nacional después de la sentencia del 11-M.

Así que tiempo al tiempo.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

2 comentarios sobre “La ley del silencio”

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