Endesa y el orden natural de las cosas

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Enel, dueña italiana de Endesa, está en apuros y quiere librarse, no solo de Borja Prado, actual presidente de la hidroeléctrica ex española, sino de toda su cúpula para poder devolver al César lo que es del César y a Italia lo que es de Italia. Recuerde el alma dormida que el señor Prado (hijo de Manuel Prado y Colón de Carbajal, ex visitador íntimo del rey) llega a Endesa tras la adquisición de esta por Enel y habiendo sido durante ocho años uno de los chicos de Aznar. Conociendo a la perfección de qué modo tan provechoso se transforma la energía en España, el todavía presidente hace el amago al principio de pegar el gran salto a Repsol. Pero Rajoy, que ya ha superado el proceso edípico de matar al padre, no quiere ni oír hablar de él. Así que, a pesar de Luis de Guindos, parece ser que ahora Borjamari se ha tenido que conformar con la promesa (mucho menos ambiciosa) de ser todo un señor editor en cuanto se fusionen Unedisa y Vocento.

Se equivocan los que quieren ver en esta noticia el clásico resultado de la injerencia de las grandes empresas en los asuntos públicos. Y se equivocan por dos razones. La primera, y menos importante, reside en el hecho de que, cuando el régimen político de un país está regido por una casta tradicionalmente descontrolada, la influencia suele ser al revés. En el señor Prado tenemos el vivo ejemplo de lo que Daron Acemoglu y James Robinson llaman “élites extractivas”, concepto que ahora parece estar poniendo de moda César Molinas. Esto no tiene que ver con una ideología en particular, sino, insisto, con unas instituciones que se convierten en fábricas de empresarios cortesanos cuya única razón de ser es arrimarse al que detenta el poder político.

La segunda razón es mucho más controvertida. Borja Prado, aznarman que alcanzó contra todo pronóstico la presidencia de una de las empresas más importantes de Europa en pleno gobierno ZP, ya no pinta nada. Mientras la italiana Enel reza ahora para que, del desbarajuste político de su país, emerja de nuevo un Berlusconi que la pueda salvar, EON ya ha vuelto a mostrarse interesada por Endesa. Esto significa que la paciencia de Merkel está dando sus primeros frutos y que las cosas, tras la fallida opa de hace unos años, vuelven poco a poco al orden natural que, desde el 2004, Alemania (y Francia) había previsto para España, de cuyo mercado energético quiere apoderarse.

Pero, además de controvertida, la segunda razón es mucho más oscura y terrible, y no solo por poner de manifiesto que las empresas importantes de un país son las ejecutoras en la sombra del poder político. La segunda razón es mucho más oscura y terrible porque, en el contexto doméstico de todo lo que hoy está sucediendo, revela la auténtica medida (política y humana) de quien actualmente preside el Gobierno español: un Rajoy favorable a cumplir servilmente los plazos, un Rajoy decidido a dejar que Alemania se salga con la suya, un Rajoy, en definitiva, dispuesto a convertir a España en una marca del Sacro Imperio con tal de que no le vuelvan a montar otro 11 M.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

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