Vaffanculo!

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Opina el comentarista político que Beppe Grillo es la “antipolítica”, que Italia es un caos y que solo el cansancio de los italianos y su consabida propensión a la jarana son las únicas formas de explicar que el M5S haya obtenido 162 escaños. También (se le escapa) el sistema electoral salido de las convulsiones políticas de 1992 es un factor importante, aunque eso es otra historia (concluye) que no interesa al telespectador.

Pero el telespectador, que suponemos es un telespectador ideal, sí está interesado porque conoce perfectamente la historia reciente de Italia. Lo que el comentarista no quiere comentar es que la ciencia política llama “sistema mixto” a la manera que los italianos tienen de elegir a sus supuestos representantes. Y es mixto porque mezcla el mayoritario con el proporcional; aunque, según Sartori, la explicación del término residiría en el hecho de que aprovecha lo peor de uno (al no contemplar la segunda vuelta) y mantiene lo pésimo del otro (las listas de partido).

El telespectador ideal sabe que el comentarista omite además cosas bastante importantes. Por ejemplo, que la operación Manos limpias, dirigida en 1992 por el fiscal Antonio di Pietro, dejó con el culo al aire a todos los partidos nacidos a partir de 1947 y forzó una posterior reforma de la Constitución que el mismo di Pietro calificó de partidocrática. Por ejemplo, que no hubo proceso constituyente y que la reforma electoral, iniciada por Ciampi en el 94, estuvo en realidad cocinada por Berlusconi, D’Alema y Fini, los grandes beneficiados durante las décadas posteriores. Y por ejemplo, que el nuevo sistema, aunque hizo de los mandatos de Berlusconi el periodo más estable de la Segunda República, no ha podido evitar el juego sucio entre los partidos, que, al no haber segunda vuelta, se ven obligados a presentarse en grandes coaliciones a las elecciones.

Así que, cuando el telespectador ideal quiere hacerse una idea de lo ocurrido en Italia, evita pensar, por supuesto, en Gregory Peck a los mandos de una Vespa y esquivando el loco tráfico de Roma. Es consciente de que esa imagen, que es la que el comentarista político desea mostrar al público (el comentarista no es ideal, pero sí paradigmático de los tertulianos de España), está consensuada previamente por todos los que sobreviven en el búnker informativo.

El telespectador ideal es capaz de descubrir, aunque no tenga a un di Pietro que llevarse a la boca, las evidentes coincidencias entre la época de Manos limpias y lo que sucede hoy en España. Y puede adivinar, en definitiva, por dónde van a ir las reformas que los Berlusconis de turno ya están empezando a pactar en secreto.

Pero también sabe que aquí nadie organizará un Vaffanculo Day ni nada que se le asemeje. Porque, a partir de ahora, la “antipolítica” de Grillo (“partidos estrafalarios”, Rajoy dixit) será el sambenito que se le cuelgue a cualquier intento de cambiar las cosas.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

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