LOE II, el regreso

Por mucho que se insista en algunas tertulias subvencionadas, la LOMCE no es la base para ningún cambio en la enseñanza, sino la secuela, empeorada, de la LOE. Comete todos los errores que esta cometía: olvido de la Primaria, pervivencia incuestionable de la Secundaria, depauperación de la Formación Profesional (sigue apareciendo como la alternativa de los que no logran pasar a Bachillerato), obsesión incontrolable por los conciertos educativos y pasión devoradora por las competencias; y añade, para fervor de la pedagogía, la profesionalización de las directivas y el asesinato premeditado del Griego y la Filosofía. Y, por si esto no fuera suficiente, vuelve a apartar a los profesores del debate legislativo, ignorando que sus tragaderas, aunque de Guiness, tienen un límite, por mucho que les endilguen la lavativa del respeto y los pongan a buscar proustianamente la autoridad perdida.

No es tímido el borrador de esta LOE II sino otro timo  de un partido que ya se ha apoltronado en la Moncloa. Y sin embargo aparece como un empujón más, un tirar la casa por la ventana, una salida del armario que, con el caramelo de unos itinerarios un poquito más tempranos, las reválidas (por competencias) al final de cada etapa y alguna que otra consigna de educación nacional para consumo interno, acabará con el sambenito de “derecha acomplejada”. Aunque, por supuesto, hasta los periodistas más adeptos sepan de sobra que ni Rajoy ha estado nunca acomplejado ni la derecha ha dejado de hacer lo que en realidad se proponía.

Cuando la nueva ley se apruebe (si se aprueba) algo habrá cambiado para que todo siga igual, y el escenario será el mismo de siempre: un PSOE dispuesto a no renunciar a su caladero de futuros electores -la enseñanza- y un PP empeñado en continuar siendo recordado por lo que nunca hizo, por lo que no hace, por lo que jamás hará. Y, mientras tanto, muchos votantes, cuando toque, regresarán ilusionados y hambrientos a la eterna paradoja de la realidad y el deseo o, en cierto modo, de la mentira real y la impostura anhelada.

Resulta gracioso cómo se las dan ahora de concienciados salvapatrias los que, en esa pedantería del “contexto mediático”, defienden al prisaico Wert. ¡Llevamos dos décadas con un sistema educativo nefasto!, llegan a decir más o menos literalmente. Y omiten los muy fariseos, no solo el hecho constatable de que el búnker pedagógico sigue campando a sus anchas en las catacumbas donde se elaboran las leyes, sino el pequeño detalle de que, de esos veinte años, ocho ocupó su queridísimo Partido Popular las poltronas del poder.

¿No se dieron cuenta entonces?

¿Tan gilipollas creen que somos?

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

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