Historia del monstruo

monstruo_frankensteins_boris_karloff_hc

El monstruo se llamaba Clase Media y el doctor Franconstein, su padre y creador, supo que a través de él se perpetuaría su herencia para siempre. Bastaba con dotarlo de una seguridad social, una vivienda de protección oficial, un ministerio de educación y un agosto de paella en alguna playa recién superurbanizada, todo a imagen y semejanza de las aspiraciones del monstruo.

Y el monstruo, muerto el padre, fue adoptado entonces por los epígonos del padre para seguir siendo monstruo. Se le otorgó el don de ser de izquierdas o de derechas, de ser del Barça o del Madrid, de hablar catalán o gallego, de votar a unos o a otros. Para sensibilizar al monstruo se le infundió el miedo a ser despedazado por una bomba lapa. Para humanizar al monstruo se creó a un antagonista del monstruo llamado ETA.

El monstruo vivió largos años sumido en la monstruosa felicidad de saberse, a pesar de todo, monstruo. El estado del bienestar lo amansó, los medios de comunicación lo alimentaron, el espejismo de su democracia monstruosa atemperó cualquier pulsión de rebeldía. Sus cuidadores, los epígonos del padre, lo observaban en silencio mientras tanto y experimentaban con él sometiéndolo a rigurosas pruebas de lealtad.

Una vez recrearon ante sus ojos la farsa de un golpe de estado para mostrarle la lasitud de su monstruosidad. En otra ocasión se permitieron la boutade de desvelarle los resortes del terrorismo estatal con el objetivo de ver hasta dónde llegaban las edípicas inclinaciones del monstruo. Finalmente, un 11 de marzo, hicieron estallar al monstruo por los aires para comprobar si, tras una tragedia demoscópica, era capaz de frenar el arrebato de ir tras la verdad a plena luz del día.

De todas estas pruebas salió el monstruo airoso, y los epígonos del padre comprendieron entonces que habían dado con la clave de la inmortalidad de todo ser monstruoso: debían acostumbrarlo siempre al mal menor para que el monstruo asumiera la mediocridad como única forma de vida. Su lealtad incuestionable les aseguraría (a ellos y a las generaciones de epígonos que estaban por llegar) la supervivencia.

Por eso ahora, en plena crisis económica, cuando está siendo esquilmado desaforadamente, el monstruo nunca pone difíciles las cosas, el monstruo jamás hace preguntas comprometedoras, el monstruo, como mucho, amaga un gesto, una mueca, un puchero, una huelga general, una manifestación pidiendo lo imposible.

Por eso ahora el monstruo sigue siendo todo un éxito.

Anuncios

Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

4 thoughts on “Historia del monstruo”

  1. Me apena, estimado David, tener que darte la razón en tus apreciaciones sobre la cosa.
    Reafirma tus palabras el hecho de que este monstruo conceptual que analizas siga depositando invariablemente su voto acrítico en los cajones con ranura a favor de sus verdugos. Y que la parte del monstruo que patalea, no utilice los cajones para, al menos, dar un provisional voto de confianza a la parte del organigrama que programa lo que ellos reclaman en la calle. A fuer de ser defraudados, que lo serán. Pero esa es otra de momento.
    ¿Se puede ejercitar la anarquía a través de las urnas? Creo que sí. Conseguirla, no, ¡eh!
    Felicidades.
    Salud.

  2. Recuerda, amigo, lo que fue el llamado franquismo sociológico: pura clase media. Aquí, en España, huérfana de tradición liberal-burguesa, la clase media no es ya solo acrítica sino colaboracionista. Mi escepticismo por que algo pueda cambiar es por eso cada vez mayor.

    El voto, incluyendo el voto de castigo o incluso el voto en blanco, serviría de bien poco. No solo porque al final, como dices, seríamos defraudados, sino porque el voto (lo índices de participación) son uno de los pilares sobre los que se sustenta el régimen actual. Yo por eso no trato de llevar a cabo ese oxímoron (el de llevar la anarquía a las urnas) que, con retranca, mencionas, sino que opto por la abstención, que es el único porcentaje “negativo” que no pueden esconder cuando ofrecen los resultados de las elecciones. Y no pongo en práctica el otro punto de la desobediencia civil (que es la abstención fiscal) porque no tengo ganas de pasarme unos meses en la cárcel, que si no…

    Un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s