A Diana

A Diana, alumna de 2º de Bachillerato, su profesor le dirá que España tenía que ser una nación de servicios, y que el pasado industrial, además de no estar a la última, tampoco era propio de una sociedad que se moría por ser europea. Por supuesto, el profesor, experto en su materia, no le contará cómo fueron cayendo, una a una, las industrias que décadas antes habían nacido a la sombra del INI, ni le explicará de qué trágica manera aquello marcaría el futuro laboral del país. Diana jamás oirá el nombre de Altos Hornos de Vizcaya, por ejemplo, o los de HUNOSA y ENSIDESA. Tampoco sabrá nunca que aquello supuso el fin de la industria pesada nacional, y que la reconversión fue en realidad el tributo que se debió pagar a los amigos  Kohl y Miterrand para entrar en la Comunidad Económica Europea. Diana, tan lista siempre, no podrá descubrir esta vez que, con sector servicios, su profesor se refiere en realidad a los chiringuitos de playa y a las tazas de váter marca Roca que el ladrillazo sembró en las mil y una Seseñas mesetarias. Tampoco que, durante dos décadas, se subvencionó hasta el papel higiénico a cambio de colonizar el país industrialmente -inversión extranjera, dijeron- y de condenarlo a ser lo que es hoy día: un suburbio de Centroeuropa sin tejido industrial apenas y con nulas posibilidades de levantar el vuelo.

A Diana su profesor le ocultará que el salto de altura que pegó Carrero Blanco en los setenta puso fin a la desmedida ambición de ser un no alineado con proyecto atómico incluido. A pesar de conocer los rudimentos básicos de la geografía, Diana ignorará que la piel de toro se extiende en un lugar privilegiado del hemisferio que ninguno de esos países a los que siempre se les llamó amigos se ha tomado jamás a broma. También  desconocerá que ni a Brandt, ni a Kissinger, ni mucho menos a Giscard d’Estaing, les interesó nunca una España a su aire. Su profesor tendrá mucho cuidado en ocultarle que los dos primeros tutelaron nuestra sagrada Transición cargándose toda posibilidad de una ruptura democrática e inspirando en los políticos hispánicos el cacao maravillao de la Constitución, de las Autonomías y de un sistema electoral proporcional que Felipe González puso como condición al inefable Fraga antes de pasar por ventanilla. Diana no tendrá ni idea de que el fraternal vecino francés, por su parte, inauguró esa tradición que dice que se deben cerrar centrales nucleares y comprar energía atómica a la Grandeur, mientras se destroza el medio y el paisaje con molinos de viento y se hace funcionar las placas fotovoltaicas con gasoil. El profesor evitará concluir que de todo ese tinglado salió la España que Diana cree conocer, aquella que en su día olió a pelotazo y a crimen de estado.

A Diana su profesor nunca le explicará que el cambio de paradigma educativo empieza en los setenta con la LGE de Villar Palasí, y omitirá que tanto en su preámbulo como en su articulado residen los principios pedagógicos que hoy él, profesor salido de unas oposiciones, tan bien conoce. Diana no sabrá jamás que las leyes no son un capricho ni una ocurrencia de quienes las promulgan y que todas poseen una intención muy clara. El profesor soslayará el hecho problemático de que España está siendo, desde hace mucho tiempo, el conejillo de indias de los ingenieros sociales de la educación pública. Diana ignorará siempre la evidencia de que las sucesivas reformas denotan una voluntad de influir en la manera de pensar de los ciudadanos.

A Diana, en definitiva, su profesor se cuidará mucho de revelarle qué futuro le aguarda a la vuelta de la esquina en un país destinado a un sector económico subsidiario, con un régimen político que no permite grandes sobresaltos y poblado por trabajadores de baja cualificación.

Y Diana saldrá de clase esta mañana mucho más feliz de lo que en ella, adolescente problemática, es habitual.

Anuncios

Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

3 comentarios sobre “A Diana”

  1. Precioso y certero artículo. Verdades como puños. Felicitaciones.

  2. Me ha encantado el artículo. Espero que ese profesor aunque deje tantas cosas pasadas de lado si le enseñe que el futuro ( del que ella es parte) está por hacer.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s