Culos al aire

No desbarremos, por favor. Guillermo Zapata no es nazi, ni proetarra, ni anti Marta del Castillo. Se equivocan los que se tragan ese sapo de la propaganda y no son capaces de ver que en realidad Zapata es un pelele, además de un inútil que posee un pésimo sentido del humor. Deberían hacérselo mirar, porque su grado de exposición a cortesanos como Marhuenda o a periolistos como Jiménez Losantos es preocupante. Pero, por otro lado, aquellos que están en contra de su dimisión y denuncian la doble vara de medir y la hipocresía de quienes la han forzado, no solo pierden el tiempo sino que están cometiendo el mismo pecado que condenan. Porque las falacias que acusan a Zapata están al mismo nivel que cualquiera de esas imputaciones de políticos que los nuevos partidos como el del protagonista han estado tildando de intolerables. Si un imputado debe dimitir, Zapata también. Es más, si un imputado que se aferra a su acta de concejal es “casta”, Zapata, en estos momentos, también lo es.
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Directores

Por supuesto hay de todo en la viña del señor. Los hay de múltiples colores y sabores. Los hay peleones y honrados, con ese marcado criterio profesional, tan incómodo a la consejería, que les obliga a combatir contra el hado adverso cada vez que suena el teléfono del despacho. Pero mucho me temo que esos directores no abundan en la actualidad, es más, para mí que están en vías de extinción. O tal vez sí, tal vez sean mayoría y lo que ocurre es que yo, en estos trece años que llevo en el oficio, he tenido la mala suerte de toparme con muy pocos que hayan hecho honor a su puesto.
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¿Qué coño podemos hacer?

Soy consciente de que este texto, resumen de otro mucho más farragoso que publiqué en el blog hace dos años, es completamente inoportuno, no por lo que dice, sino por el momento en el que está siendo publicado. En estos días de ruido mediático, cuando la mayoría cree que, para bien o para mal, España se halla ante el abismo del principio del fin del régimen, muy pocos, si pasan de los tres o cuatro primeros párrafos, verán en él algo de interés. Supongo que lo considerarán absolutamente desconectado de la realidad o, en el mejor de los casos, el plúmbeo bizantinismo de alguien que no llega siquiera a la categoría de intelectual de salón. El mundo, concluirán, va ahora por otros derroteros. Continúa leyendo ¿Qué coño podemos hacer?

El relevo

Soy un aguafiestas, lo sé, pero si no lo digo, reviento: me temo que no es el fin de nada, sino el relevo de todo, o al menos, de una gran parte de todo. Puede que las fuerzas de este relevo (supongamos que bienintencionadas) obren el milagro de acabar con las redes clientelares, las canonjías y las prácticas corruptas de muchos ayuntamientos y presidencias autonómicas, pero a no ser que se haya votado a ángeles y no a simples mortales, solo será cuestión de tiempo que la mierda vuelva a aparecer en los rincones de un poder que, por obra y gracia de las leyes del régimen, no está sujeto a ningún tipo de fiscalización ciudadana. Y que conste que no soy un pesimista antropológico, sino que procuro dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, y no caer en la ingenuidad de pensar que, por el mero hecho de desalojar al corrupto, mi candidato jamás se pudrirá como su predecesor, aunque goce de las mismas prebendas y la misma impunidad. Continúa leyendo El relevo

5 razones por las que mañana no iré a votar

1. Porque la fe, en una democracia, nada tiene que ver con la política. Así que yo, en esto de la política, sencillamente me esfuerzo en no caer en los brazos de la confianza ciega en alguien que me vende igualdad social, libertad de mercado, regeneración democrática u otros milagrosos crecepelos. Y digo confianza ciega porque no se puede llamar de otra manera al acto de votar a una lista de personas sabiendo de antemano que no hay ningún mecanismo legal que me permita presionar para que se cumpla el programa electoral del partido, o para desalojar a alguien que está mezclado en algún asunto turbio. Las leyes de mi país me impiden controlar a los concejales y a los diputados autonómicos que han sido elegidos, y me obligan a esperar cuatro largos años para intentar bajarlos de sus poltronas.  Continúa leyendo 5 razones por las que mañana no iré a votar

Pobre Strawberry

Nunca me gustaron los Def Con Dos. Su rap-metal tiene para mí el interés de un cascote en medio de un descampado lleno de cascotes, e ideológicamente son más simples que el mecanismo de un botijo. Sus letras son tan punk como las de cualquier canción de Enrique Iglesias. Carecen del encanto de la demolición, del mítico Anti Todo, del no future. Son, como la mayoría de artistas de su terna, perroflautas gritones que intentan tragarse el mejunje (tan imposible, pero también tan hispánico) de anarquismo y abertzalismo, un magufo político que sigue la senda de Barricada o Kortatu. No, nunca me gustaron y, desde que los conocí gracias a Acción Mutante, no había vuelto a saber de ellos. Hasta ayer, cuando leo que han detenido a César Strawberry, su cantante, por enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas. ¿Las pruebas del delito? Dos tuits: uno de hace más de un año donde decía que habría que secuestrar de nuevo a Ortega Lara, y otro, de hace un par de días, donde, haciéndose eco del apoyo de los presos de ETA a Podemos, exclamaba con gruesa ironía que él votaría a ETA. Continúa leyendo Pobre Strawberry

El pueblo es como un niño

El español es un pueblo que se ha acostumbrado a vivir en la ficción de que es el héroe de su propia historia, el dueño de sus propios tiempos y de los acontecimientos que cree estar protagonizando. Gracias a la labor de los narradores del régimen, ha terminado tragándose el cuento de que se ha ganado la libertad, se ha dado a sí mismo una constitución y vive ahora feliz y come perdiz en una democracia avanzada (como si pudiera haber democracias atrasadas) que es el fruto de sus ímprobos esfuerzos. Preso en este bucle narrativo, el pueblo ha caído finalmente en ese otro bucle mucho más asfixiante que es vivir por siempre jamás en una mentira de 504.645 kilómetros cuadrados y haber perdido las ganas y las fuerzas para combatirla. Continúa leyendo El pueblo es como un niño