Catedráticos chusqueros

Los chusqueros fueron aquellos desertores del arado que, tras la mili, aceptaron la oferta de reengancharse en el cuerpo de suboficiales. Al parecer el término viene de una leyenda, alimentada por el tópico de su oronda figura, que los hacía robando chuscos de pan en las cocinas de los cuartes. Eran personas con un rango pero sin la preparación suficiente, puestas ahí para satisfacer alguna demanda en los años más oscuros del franquismo. Continúa leyendo Catedráticos chusqueros

Las humanidades no existen, son los padres

La cruda realidad es esta: las humanidades no existen. Están la historia, la literatura, la filología, o sea, están los padres, pero los Reyes Magos, lo siento, no existen. Y me temo que su ausencia dura ya más de cien años. Así que a lo largo de ese tiempo los a sí mismos llamados humanistas han estado solos y representando la nada más absoluta. Como se han tragado el topicazo de que sus disciplinas se hallaban heridas de muerte y que un mundo tradicionalmente hostil a ellas había sido el que les estaba asestando los últimos machetazos, no han sabido ver que en verdad las humanidades estaban ya bien muertas y enterradas, y que las ciencias, ay, no habían tenido nada que ver en ello, entre otros motivos porque hace tiempo que no atienden a nimiedades. Continúa leyendo Las humanidades no existen, son los padres

Cómo piensa un intelectual del régimen

Lo bueno de cumplir años es que empiezas a tener las cosas claras. Todo se te revela tal y como es. Si buscas respuestas, las encuentras. Y no muy lejos. Le echas un vistazo a la prensa y allí están, a pesar del consenso mediático o de la autocensura. Y ya si te adentras en esa geografía plana y abastardada que es la sección de opinión, hasta puedes comprender cómo piensa un intelectual del régimen.
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La guardia roja de la Religión

No digo yo que uno no deba cabrearse por el nuevo currículo de la asignatura de Religión que el gobierno acaba de publicar en el BOE, ni que tampoco proteste por la desfachatez de que, a estas alturas de la civilización occidental, todavía siga vigente el concordato de 1979. Ahora bien, lo que me parece exagerado es esa histeria colectiva que suele arreciar cuando se mentan las bichas de la religión y de la escuela. Ahí es cuando todo se sale de madre.
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5 razones por las que Celia Villalobos puede jugar al Candy Crush sin que le ocurra absolutamente nada

No sé a qué viene tanto revuelo. ¿De verdad que es tan escandaloso que la señora Celia Villalobos haya sido sorprendida jugando al Candy Crush en pleno debate sobre el estado de la nación? Hombre, creo yo que lo sería en un país serio, con un sistema político serio y con unos representantes serios (y que representaran, ya de paso, seriamente a alguien). ¿Pero en España? ¿Es que nos hemos caído del guindo otra vez o qué pasa aquí? ¿Acaso ya estamos con la misma pantomima de censurar moralmente a alguien que vive de un medio (el político) corrompido hasta los cimientos? Desde que tengo uso de razón (y soy de la generación del 75), siempre me ha parecido que hacer aspavientos por la corrupción de los políticos españoles es como cargar contra el pobre porquerizo por llevar los pantalones perdidos de mierda.
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El mito de la educación obligatoria

Siempre he desconfiado de los mitos sociales porque los considero mucho más nocivos que los religiosos, y además no tienen su encanto. Vuelven a la gente suspicaz y tienden a convertir el mundo que se alza ante sus ojos en un espacio plano, mediocre y poco interesante. Por eso es normal que cuando te muestras a favor de la enseñanza pública pero absolutamente en contra de la enseñanza obligatoria, la mayoría o bien no se entere de qué va la historia, o (lo que es peor) te miren como si fueras una especie de hijo secreto de Adolf Hitler.
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Huevos con beicon

Platón dice que estás en una caverna donde, atado de pies y manos, únicamente puedes percibir las sombras proyectadas en la pared, espectros que tú, en tu profunda ignorancia, crees certezas incuestionables. Cervantes sin embargo te empuja hacia un peligroso precipicio: si Don Quijote descubre que es el personaje de una novela porque encuentra a unos lectores que ya ‘lo han leído’, pero, estos, a su vez, son personajes inventados por Cervantes, tú, lector (del Quijote o de otros libros), eres también pura ficción. George Berkeley, por su parte, asegura que ninguna sustancia material existe, que todo ‘es’ porque hay una mente infinita (Dios) que lo crea y que, en definitiva, esse est percipi (ser es ser percibido). O sea, que toda la realidad que percibes es puramente mental.
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