El relevo

Soy un aguafiestas, lo sé, pero si no lo digo, reviento: me temo que no es el fin de nada, sino el relevo de todo, o al menos, de una gran parte de todo. Puede que las fuerzas de este relevo (supongamos que bienintencionadas) obren el milagro de acabar con las redes clientelares, las canonjías y las prácticas corruptas de muchos ayuntamientos y presidencias autonómicas, pero a no ser que se haya votado a ángeles y no a simples mortales, solo será cuestión de tiempo que la mierda vuelva a aparecer en los rincones de un poder que, por obra y gracia de las leyes del régimen, no está sujeto a ningún tipo de fiscalización ciudadana. Y que conste que no soy un pesimista antropológico, sino que procuro dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, y no caer en la ingenuidad de pensar que, por el mero hecho de desalojar al corrupto, mi candidato jamás se pudrirá como su predecesor, aunque goce de las mismas prebendas y la misma impunidad. Continúa leyendo El relevo

5 razones por las que mañana no iré a votar

1. Porque la fe, en una democracia, nada tiene que ver con la política. Así que yo, en esto de la política, sencillamente me esfuerzo en no caer en los brazos de la confianza ciega en alguien que me vende igualdad social, libertad de mercado, regeneración democrática u otros milagrosos crecepelos. Y digo confianza ciega porque no se puede llamar de otra manera al acto de votar a una lista de personas sabiendo de antemano que no hay ningún mecanismo legal que me permita presionar para que se cumpla el programa electoral del partido, o para desalojar a alguien que está mezclado en algún asunto turbio. Las leyes de mi país me impiden controlar a los concejales y a los diputados autonómicos que han sido elegidos, y me obligan a esperar cuatro largos años para intentar bajarlos de sus poltronas.  Continúa leyendo 5 razones por las que mañana no iré a votar

Pobre Strawberry

Nunca me gustaron los Def Con Dos. Su rap-metal tiene para mí el interés de un cascote en medio de un descampado lleno de cascotes, e ideológicamente son más simples que el mecanismo de un botijo. Sus letras son tan punk como las de cualquier canción de Enrique Iglesias. Carecen del encanto de la demolición, del mítico Anti Todo, del no future. Son, como la mayoría de artistas de su terna, perroflautas gritones que intentan tragarse el mejunje (tan imposible, pero también tan hispánico) de anarquismo y abertzalismo, un magufo político que sigue la senda de Barricada o Kortatu. No, nunca me gustaron y, desde que los conocí gracias a Acción Mutante, no había vuelto a saber de ellos. Hasta ayer, cuando leo que han detenido a César Strawberry, su cantante, por enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas. ¿Las pruebas del delito? Dos tuits: uno de hace más de un año donde decía que habría que secuestrar de nuevo a Ortega Lara, y otro, de hace un par de días, donde, haciéndose eco del apoyo de los presos de ETA a Podemos, exclamaba con gruesa ironía que él votaría a ETA. Continúa leyendo Pobre Strawberry

El pueblo es como un niño

El español es un pueblo que se ha acostumbrado a vivir en la ficción de que es el héroe de su propia historia, el dueño de sus propios tiempos y de los acontecimientos que cree estar protagonizando. Gracias a la labor de los narradores del régimen, ha terminado tragándose el cuento de que se ha ganado la libertad, se ha dado a sí mismo una constitución y vive ahora feliz y come perdiz en una democracia avanzada (como si pudiera haber democracias atrasadas) que es el fruto de sus ímprobos esfuerzos. Preso en este bucle narrativo, el pueblo ha caído finalmente en ese otro bucle mucho más asfixiante que es vivir por siempre jamás en una mentira de 504.645 kilómetros cuadrados y haber perdido las ganas y las fuerzas para combatirla. Continúa leyendo El pueblo es como un niño

Si yo fuera Presidente

Si yo fuera Presidente y me creyese todo ese rollo de que la educación de un país es la base de su prosperidad, lo primero que haría, tras ser elegido, sería cambiar el sistema de enseñanza. Radicalmente. Y para ello pondría los ojos en el país más próspero del mundo, EE.UU., y luego en sus colegios, institutos y universidades, con el fin de copiar, palabra por palabra, la fórmula del éxito. Antes, cuando era un advenedizo en cuestiones educativas y suponía que el destrozo de la enseñanza pública se debía a la incapacidad y a la estulticia de los gobiernos que habían puesto sus sucias manos sobre ella, pensaba que la solución podría ser así de fácil. Después me di cuenta de que estaba equivocado, por supuesto, y también me percaté de que, si en el adagio con el que he empezado el artículo sustituía ‘prosperidad’ por ‘sistema productivo’, tendría la oportunidad de explicar más acertadamente el desastre. Continúa leyendo Si yo fuera Presidente

Hablando de la muerte con niños de doce años

Ayer estuve hablando de la muerte con niños de doce años. Les dije que llegaría el momento en que deberían abrir los ojos y darse cuenta de que el tiempo nos pasa por encima como un bólido de carreras. Les dije que una verdad insoslayable de esta vida es que ni el presente ni el futuro existen y que el único tiempo verbal con cierto sentido existencial es el pasado. Les dije, en definitiva, que la muerte es la gran justiciera, pues da a todos lo mismo, a todos nos trata igual, seamos príncipes o mendigos, oficinistas o grandes escritores.
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Susana Díaz y el antidarwinismo

El de la política es un mundo al revés que depende de las reglas del antidarwinismo. En los microcosmos de los partidos solo el más tonto, el más inane parece sobrevivir, pues la adaptación se mide por parámetros que nada tienen que ver con la inteligencia o el mérito sino con las tragaderas. Como en la universidad (otra selva antidarwinista), únicamente gana el que mejor pone el culo y el que más resiste.
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