Pedro está en 2º de Bachillerato de Humanidades y, según él, acaba de escribir un poema en el que ajusta cuentas con Dios. El otro día, en clase de Literatura Universal, mientras yo explicaba el mito de Frankenstein, vi cómo cogía notas, no en el cuaderno de la asignatura, sino en una pequeña libreta que guarda, supongo, para los momentos de inspiración. Que más de una vez lo haya sorprendido ausente o enfrascado en la escritura poética no me desagrada. Su expediente académico es bueno. La cosa no es preocupante. Sé que por fin ha conseguido trazar un secreto puente entre las materias que cursa y su propio aprendizaje sentimental. En él la instrucción está influyendo -y de qué manera- en su educación. Sigue leyendo
La Historia ha muerto
Cuando hablamos de la muerte de ciertas disciplinas -las lenguas clásicas, la Filosofía, la Literatura-, generalmente olvidamos que todo comenzó con aquella quijada de asno que se hundió en el cráneo de la Historia y que, ya cadáver, la transformó en Ciencias Sociales. La asnada, que ya viene de la Primaria, donde aparece integrada en algo que recibe el difuso nombre de Conocimiento del Medio, alcanza en la Secundaria y el Bachillerato proporciones apocalípticas. En la taifa murciana que por ahora me paga el sueldo, por ejemplo, los planes de estudio de la disciplina abarcan ese brumoso reino de fantasía que va de la Historia Universal y Regional, pasando por la Geografía física, política y económica, hasta la Historia de España; ocurriendo al final que los cráneos previligiados que han perpetrado el crimen someten a los alumnos a un cacao maravillao tan aberrante e inasumible que termina siendo, no solo odiado, sino automáticamente olvidado. La esotérica, la demencial lógica que guía dichos currículos provoca además que el estudiante tenga noticia de la Antigüedad o la Edad Media únicamente durante el primer ciclo de la ESO, que en 4º y en 1º de Bachillerato el programa, centrado en las épocas Moderna y Contemporánea, sea casi idéntico, y que en tan solo un curso -el último de Bachillerato- se imparta la totalidad de la Historia de España, desde Atapuerca a la actualidad. Sigue leyendo
Carta a un alumno de Bachillerato o por qué no debemos leer el Quijote

Voy a ser sincero contigo. Esta vez procuraré hablarte muy claro. En realidad no solo te escribo para tratar de convencerte de que no leas el Quijote, sino para que, con un poco de suerte, no vuelvas a leer nada, absolutamente nada que esté impreso en una hoja de papel. Como ya sabrás, el Quijote es importante, por supuesto, pero también uno de los libros más nocivos y peligrosos que se han escrito nunca. Pocas veces te harán una advertencia tan útil. Si, a pesar de todo -o precisamente por ello-, haces caso omiso, sabe que ya nada te salvará. Sabe que, a partir de ahora, estarás perdido para siempre.
Primero prescindiré de la obra en sí y trataré de dar respuesta a la cuestión más simple de todas: ¿por qué no debemos leer? Por último, intentaré aclarar, a la luz de la primera pregunta, los motivos principales por los que es necesario cerrar definitivamente el Quijote y hacer un buen fuego con él. Sigue leyendo
Sobre las lenguas de España
PROEMIO
Se remansa el río de Heráclito cuando trato de comprender el último siglo de España. Y en uno de esos apartes, los textos de Unamuno terminan siempre por describir, no solo a sus contemporáneos, sino a los míos. El axioma español sobrecoge: cualquier mirada sensata se convierte en vaticinio. Las acciones del presente -de todos los presentes que configuran el reloj hispánico- disponen un futuro consabido que nada cambia y que se mantiene inalterable, un gigantesco bucle temporal del que únicamente huirán quienes abandonen alguna vez el país. Quizá sea este el auténtico significado del exilio español de todas las épocas, aquel que tanto Zambrano como Marañón consideraban elemento capital de la formación del pensar y del sentir nacionales. Sigue leyendo


