Razones para abandonar toda esperanza

Conferencia pronunciada en Villafranca de los Barros (29 de marzo de 2014). Aconsejo al lector que antes lea la magnífica ponencia de Antonio Sánchez, “El estado de la cuestión“.

Les voy a proponer que, por un instante, hagan un ejercicio de abstracción y piensen que no se encuentran en unas jornadas sobre el futuro de la enseñanza, sino que están en otro sitio, qué se yo, unos grandes almacenes, un restaurante o sentados tranquilamente en un parque público. Ahora continúen así durante unos segundos, relájense, intégrense en un contexto donde nada saben acerca del estado del actual sistema educativo, o mejor, en un decorado en el que saben lo que saben, es decir, lo que la mayoría de personas del común cree saber. Borren de su mente las magníficas aportaciones de Juan Pedro Viñuela y de Antonio Sánchez. Imaginen que se hallan dondequiera que se hallen, que tienen su vida, que las pasan canutas, como todos los que pertenecen a esa ficción llamada clase media, y que solo piensan en el final de mes, en los pañales del recién nacido o en la última reunión que les convocó frente a la pantalla amiga para ver el partido de la Champions. Sigue leyendo

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Vamos a ver si la cosa queda clara. Y que conste que no lo voy a repetir más. Así que ya pueden ustedes dejar de hacer aspavientos cada vez que se enteran de que cualquier salvaje hijo de la gran bretaña ha confundido a algún profesor con un saco de kick-boxing, como acaba de ocurrir en el IES Nueva Andalucía de Marbella.
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Ruinas

Para Antonio Sánchez

Siempre que paseo por el Barrio de las Letras debo hacer el esfuerzo de imaginarme que en la Calle de la Madera vivió alguna vez Quevedo o que en las Trinitarias se alza el panteón intangible de Cervantes. El ejercicio se vuelve tan absurdo como si imaginara, en pleno Benidorm, que aquel mar pudo ver en algún momento de la historia a Aníbal o a Escipión el Africano. Pero es lo único que se puede hacer en una ciudad que ha borrado de un plumazo las ruinas de una época en la que empezó a ser una ciudad.
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Autor, autor

Hubo un tiempo en que se vivía sin autores. Hasta hace relativamente poco, el arte, la ciencia, la literatura no precisaban esa figura que sin embargo hoy parece indispensable. ¿Quiénes fueron los arquitectos que idearon las pirámides de Egipto? ¿Quién compuso el Cantar de Roldán? ¿Quién inventó la rueda o el papel? ¿Quiénes son los artífices del insuperable Románico? Quizá antes se tuviera la certeza (muy razonable, por cierto) de que la obra era, al fin y al cabo, muchísimo más importante, y, puesto que esta permanecería durante más tiempo en la vida de los hombres, infinitamente superior a su creador.

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El verdadero 11-M

atocha

El verdadero 11-M no empieza el once de marzo de 2004, cuando, entre las 07:37 y las 07:39, explotan diez bombas en cuatro trenes de cercanías (Atocha, El Pozo del Tío Raimundo, Santa Eugenia y Téllez). El verdadero 11-M tampoco empieza días antes, cuando Madrid es una de las sedes europeas de los ejercicios militares que, con el nombre en clave de CMX 04, realizan algunos países de la OTAN simulando un atentado terrorista. Ni siquiera cuando los servicios secretos franceses y marroquíes, con la ayuda de Alemania (uno de los participantes en esos ejercicios), perpetran los atentados con el fin de propiciar un vuelco electoral en las votaciones del 14 de marzo y devolver la política exterior española al tradicional redil de la UE. El verdadero 11-M, por supuesto, no comienza esa misma mañana, cuando el Gobierno de Aznar, que sabe perfectamente quiénes han matado a 191 personas y han dejado heridas a 1.841, pero que se acojona hasta lo indecible, en un intento desesperado de salvar el culo, engaña a todos los españoles propagando el bulo de la autoría de ETA. Tampoco meses más tarde, cuando Zapatero retira las tropas de Iraq, las envía a Afganistán, firma la Constitución Europea y regresa, escarmentado, a los brazos del Sacro Imperio.

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Sin épica

Del μῦθος al λόγος, pero también del μῦθος al  ἔπος. Son las dos sendas que recorre el pensamiento occidental. Por la primera transita la Filosofía; por la segunda, la Literatura. La primera se llamará en un primer momento Física; la segunda, Épica. Quizá sea en esta última donde resida la prueba más incontestable de que la concepción judeocristiana y marxista de la Historia, siempre apuntando hacia el futuro en una línea recta que alberga la promesa de un final, es una burda mentira. Habitamos una espiral que avanza, sí, pero que también vuelve sobre sí misma en un plano diferente, como un mandala vertiginoso e infinito, sin un origen claro y, por supuesto, sin objetivo, sin redención.
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Debates

No creo en el carácter de los pueblos ni en la voluntad general (ambas son cualidades privativas de los individuos, no de la masa); sí estimo, en cambio, que sea posible que a la sociedad se la pueda manipular como si fuese una sola mente, dirigir su comportamiento mediante técnicas de ingeniería conductista que trascienden esas emociones o esos instintos de los que suelen echar mano la publicidad y cualquier tipo de propaganda. Creo también que el control social más eficaz en países que han asumido la mitología de la democracia no es el que apela al bajo vientre, sino el que recurre a los luminosos territorios de lo intelectual, el que se produce cuando el poder acota los debates públicos, restringe los puntos de vista y los difunde a los cuatro vientos del país para dar la impresión de que la opinión es múltiple, dinámica y relevante. Creo que cuanta más obcecación hay por el debate, menos libertad real existe. Creo, en definitiva, que los debates son el bromuro de la ciudadanía. Sigue leyendo